Conviértete en la jefa de tu propia vida

Uno se da cuenta de que no es la jefa de su vida cuando esperamos la aprobación de alguien más para seguir adelante. Cuando menos nos damos cuenta, es como si estuviéramos frente a un semáforo que decide si debemos seguir, cuándo y a dónde. ¿No es curioso? Pareciera que confiamos en todo menos en nosotras mismas que, al final, somos las únicas dueñas de nuestra vida y de lo que hacemos en ella. Para ser jefa de tu vida, tienes que empezar por despedir a todos los que se creen con derecho de decidir por ti, sin que tú se los permitieras;  debes empezar por limpiar el desastre que dejaron otros para darle lugar a todo lo que siempre has querido para ti y debes ser valiente para dar los primeros pasos a tus sueños sin ayuda de nadie.

Dueña y señora de tu propia vida

Puede sonar algo redundante decir que puedes ser la jefa en tu propia vida pero, si nos ponemos a pensar un momento, ¿cuántas veces no le hemos  cedido el mando de nuestras decisiones, nuestros sentimientos y hasta nuestra personalidad a alguien más? ¿Cuántas cosas hemos rechazado por darles gusto a otros? ¿Cuántas veces nos hemos arrepentido de no decir lo que quisiéramos?

Hablo desde mi experiencia. Hace unos años, estaba muy enamorada de alguien que poco a poco quiso ser quien diera la última palabra en mi vida. El amor a veces nos juega sucio y en esa ocasión mis sueños los habían puesto a un lado para darle espacio a los del que, yo pensaba en ese entonces, que era el amor de mi vida. Dejé de luchar por mis propias metas para ensuciarme las manos por las de la persona que, según yo, jamás me iba a lastimar, y sin darme cuenta le había cedido el control de mis decisiones, de mi manera de ser y hasta de lo que creía. Honestamente, lo más triste fue que, cuando él salió de mi vida fue como si viera desechadas en el fondo de un armario todas mis metas personales y lo que yo era antes de él. Aún me cuesta creer que yo permití que eso sucediera.

Pero ¡hey!, no todo estaba perdido, con el tiempo eso me sirvió para darme cuenta de que la última palabra en mi vida siempre la debía tener yo; no quiero volver a pasar por lo mismo una y otra vez, no quiero que el rumbo que decida para mi esté en manos de una pareja, de mi familia o amigos por más amados que sean para mí. Hay una línea muy delgada entre el amor y la concesión de derechos en nuestra vida y  creo que es sumamente importante que uno sea sabio para identificar qué o quienes quieren imponer su voluntad sobre la nuestra.

Ser la jefa de tu propia vida significa que te haces responsable de quien eres y de lo que haces, que trabajas para lograr tus metas personales y que aceptas las consecuencias de tus decisiones, sean buenas o malas. Es ser madura para admitir tus fallas y ser comprensiva cuando las cosas no salen como tú las hubieras querido. Es aceptar opiniones y consejos de terceros pero también ser valiente para dar una resolución por ti misma. Es hacer lo que te gusta no importando las preferencias de nadie, es respetarte, es animarte a ti misma cuando más lo necesitas y ser feliz porque estás haciendo que tu vida funcione con lo mucho o poco que tengas a la mano.

Siendo sincera, no es una tarea fácil ser jugadora de tu propio juego. Aprender a confiar en ti misma, en tu intuición, en tus presentimientos, en tus opiniones y declarar que ninguna opinión es más importante que la tuya conlleva tiempo y esfuerzo de tu parte. No digo que te conviertas en una persona soberbia o sabelotodo sino que, por tu bien, actúes como la creadora consciente de tu vida. Que entiendas que buscar tu bienestar es siempre lo más importante y que nada vale más que luchar por lo que realmente quieres para tu vida.

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Hoy sólo quiero decirte que si te vas a ensuciar las manos, si tus pies se van a cansar y si vas a dormir hasta tarde, que sea por hacer lo que amas, por estar con quien quieres y por caminar a donde más desear ir. Constrúyele unos cimientos tan fuertes a tu vida y a tus sueños que ninguna opinión o ninguna meta ajena puedan derribar, porque tu futuro no va a depender de nadie más que de lo mucho que trabajes por él desde hoy mismo. Recuerda que tus metas las puedes compartir pero no son intercambiables.

Lucha por tu vida, por tus anhelos, por ti. Nadie tiene ni voz ni voto en lo que tu corazón te diga que hagas, en tus decisiones y sus consecuencias, ni en tu camino, ni en lo que con mucho trabajo te ha costado ser.

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Mely Garcia

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