¿Por dónde empiezo a sanar si no puedo ir a terapia?

Si hay algo que queda, inevitablemente, grabado en la memoria son los peores momentos por los que hemos pasado. Las cicatrices que nos quedan el corazón son una clara señal de lo que hemos aprendido, de lo que hemos superado. Aún recuerdo con claridad que en mis peores días la frase de “déjaselo a Dios” nunca me faltó. Sin embargo, a pesar de mis creencias, entendí que abandonar la responsabilidad de mi bienestar para que alguien más se hiciera cargo era muy egoísta de mi parte. Desde el punto de vista del que se vea, es reprobable dejarle todo el trabajo duro a una sola persona y es peor el culparla porque no se logró lo que se esperaba. Entendí que me tocaba hacerme cargo de mí misma porque todos aquí tenemos una tarea que cumplir. Aquí la pregunta era ¿por dónde empiezo a sanar?

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Creo fielmente que cuando uno ha sido lastimado o ha pasado por caminos complicados, difícilmente se vuelve a ser el mismo. También creo que nada ocurre sin un propósito y prefiero ver en los problemas una oportunidad de crecer. No crean que lo digo sin conocimiento de causa y solamente para hacerle al coach motivacional; sinceramente me han costado muchas lágrimas poder llegar a decir esto.

Cuando uno quiere sanar desde el fondo, se tiene que tener fe y al mismo tiempo hacer lo necesario para sacarse del hoyo a uno mismo. Uno no nace sabiéndolo todo, pero se aprende.

En ocasiones no vemos viable el ir a terapia o que no es para tanto que acudamos con un profesional, nos faltan los recursos, la valentía o no estamos preparados para ir más allá (algo que es totalmente respetable). Si ese es el caso, no por eso vamos a dejar las heridas sin sanar, para dar los primeros pasos hay algunas actividades que son muy sencillas y que de verdad ayudan un montón.

 ¿Por dónde empiezo?

  1. Escribe cartas para ti misma. Toma una libreta y escribe a diario una carta, no sabes lo sanador que puede ser escribirte el cómo te sientes. ¡Se vale llorar! Escribe en algunas ocasiones de lo que te sientes orgullosa y de lo que admiras de ti. Sé comprensiva y amable contigo, escríbete con amor y verás que con el paso de los días habrá una diferencia entre tu primera y última carta.
  2. Escucha podcasts. Hay algunos verdaderamente buenos que se centran en temas de salud emocional y crecimiento personal que te hacen entender muchas cosas y de paso también te sacan una sonrisa. Te dejo la lista de mis favoritos aquí.
  3. Desahógate con alguien. El hablar calma la mente, se deshacen nudos y libera de cargas. El contar con alguien que te escuche y que te quiera ver bien es una de las mejores terapias que existen. Date la oportunidad de ser escuchada, no te guardes todo para ti sola.
  4. Meditación guiada y/u orar. El tener un acercamiento espiritual puede ayudar a curarse desde el fondo de todo, es escucharse y conocerse a uno mismo cuando el dolor no nos deja. Es la manera de callar al mundo para escuchar lo que nuestra alma necesita.
  5. Cerrar tus redes sociales por un tiempo. El desconectarse del mundo por un tiempo es ponerle atención a lo que de verdad lo amerita. Aléjate por el tiempo que consideres necesario de tus redes para hacerle espacio a tu salud emocional.
  6. Leer. Sé que es muy trillado pero lo cierto es que cuando uno se lo propone se topa con lo libros que te brindan las palabras correctas en el momento correcto. Uno no sabe lo que se puede aprender cuando se pase a la siguiente página.
  7. Haz ejercicio. Según la OMS realizar ejercicios físicos traen beneficios positivos para tu salud mental ya que reduce los síntomas de la depresión y la ansiedad, reduce el nivel de estrés y ayuda a dormir mejor. con ello es muy probable que te sientas más feliz y mejore tu sensación de bienestar.

El hacerse responsable de uno mismo es lo más maduro y amoroso que puede haber. Que nuestra salud emocional sea siempre una prioridad, porque mientras estemos bien con nosotros estamos bien con los demás.

Mely Garcia

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