5 cosas que dejé de hacer que cambiaron mi vida

Si algo me ha quedado claro en estos últimos tiempos es que el crecimiento es natural y que el cambio es inevitable. Poner y quitar costumbres que tenemos, es el camino interminable que seguimos para sacar nuestra mejor versión.  En mi caso, hay cinco cosas que he dejado de hacer y que han mejorado mi vida física y mentalmente.

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No sólo se trata de mejorar nuestro aspecto, soy fiel creyente de que somos un reflejo de lo que nos pasa internamente. Siempre que nos demos el tiempo de distinguirlo, vamos a encontrar algo en lo que podemos mejorar.

Cinco cosas que podemos dejar de hacer

  1. Dejar de pesarnos. El pesarse de manera rutinaria crea en nosotros una sensación de control poco saludable. Solemos basar parte de nuestra autoestima en el número que nos arroje una báscula ese día, y como resultado podemos implementar medidas drásticas en la dieta y ejercicio que (cuando no se consulta a un especialista) traen consigo daños a la salud. Conocer nuestro peso debería ser parte de un plan alimenticio o de salud y no de una perspectiva personal.
  2. No hago más ejercicio intensamente. El tener una meta física no siempre significa forzar a tu cuerpo a hacer más de lo que necesita. No todos los cuerpos son iguales y tampoco todo es bueno en exceso. Tomar las rutinas de entrenamiento diario con menos seriedad y optar por hacer caminatas o correr más seguido me ha traído más control y descanso a mi cuerpo. Hacer ejercicio intenso ya no es mi prioridad pero sí lo es mantenerme en movimiento.
  3. No hablo de las personas de una manera en que no estuviera cómoda de decírselo a ellos. Aceptémoslo, si algo nos es fácil es opinar de la vida de los demás. Como bien dicen: “Lo que dice Juan de Pedro, dice más de Juan que de Pedro”.
  4. Querer que las personas actúen diferente. Lo cierto es que no podemos cambiar lo que la gente piensa ni controlar lo que pueden llegar a decir. Seamos libres de nuestros propios juicios y críticas. 
  5. No atarme a pensamientos, a objetos, a personas ni posesiones materiales. Entendamos que lo único seguro y permanente en la vida es el cambio. Nada está garantizado de seguir en nuestras vidas el día de mañana. Estar atado a cualquier cosa que pensamos que es de nuestra propiedad es una manera muy dolorosa de vivir. Empecemos a pensar que todo lo que tenemos es prestado y acrecentemos ese breve el sentido de gratitud cuando disfrutemos de lo que tenemos en el momento.

Mely Garcia

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