Deja ir para recibir

Alguien me dijo alguna vez que no puedes recibir bendiciones nuevas si tienes las manos ocupadas. Dejar ir para algunos puede sonar sencillo, pero para alguien que guarda todo en su corazón llega a ser muy doloroso.

No es fácil deshacerte del cariño, de los buenos días que no hubieras querido que acabaran, de los lugares que te vieron ser verdaderamente feliz, de los objetos que atesoras por el valor sentimental o sobre todo de las personas que por alguna razón ya no están en tu vida.

Sin darnos cuenta llevamos a cuestas un montón de valijas vacías. Vamos cargados de nada. Sosteniendo todo aquello que bien podemos darle su lugar permanente en la memoria a donde pertenecen.

Esas valijas mantienen nuestras manos tan ocupadas que cuando tenemos frente a nosotros días, personas y recuerdos nuevos no los podemos tomar. ¿Qué nos detiene de soltar? Dejemos caer ese peso muerto que sólo cansa la existencia.

Que la aceptación de lo que sentimos, el agradecimiento genuino de lo que fue y la firme idea de recolectar nuevas experiencias  sean los instrumentos para quitarnos el peso de lo que no dejamos ir.

Guarda en tu corazón sólo lo que realmente vale la pena almacenar, sin rencores, sin dolor. Guarda en tu mente las risas, los días perfectos, las sensaciones, los sonidos, los aromas y los sabores incomparables. No olvides, perdona. Organiza tus recuerdos y deshazte de lo que ya no tiene un propósito en tu vida a partir de hoy. Mantén tus manos libres para cada oportunidad que te brindan los días por venir, conoce el lugar de cada cosa, disfruta los pequeños detalles y las grandes bendiciones que lleguen en el momento que menos lo esperes.

Siempre, te lo aseguro, siempre llegan cosas más grandes de las que se van. Nunca te arrepientas por elegir dejar ir y darle el lugar que merece a cada cosa, arrepiéntete sólo de no poder recibir tu próxima bendición.

Mely Garcia

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