Cuando la fe se va

No, desgraciadamente la fe no es algo permanente. De hecho, es muy fácil perderla. Bastan unas cuantas palabras con el firme objetivo de herir, hechos que no hubiéramos querido presenciar o un gran fracaso para perder la fe que nos había costado reunir.

Yo también he perdido la fe, he estado tumbada en el piso sin esperanzas de que pasen cosas buenas. He perdido la fe en las personas, en lo que creo, en que el amor desinteresado existe, en promesas, en mis capacidades, en mis fortalezas, en mí.

Debo decir que los peores momentos de mi vida han sido en los que la fe se ha ido. Los tiempos en que mi vida se encontraba sin sentido en mayor parte eran por falta de fe. Estaba vacía, sin nada.

Bien dicen que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Qué difícil es creer en algo que no ves cuando has dejado de confiar. Qué difícil es esperar cuando tienes un corazón que quiere correr por respuestas o por lo que sea que te traiga algo de paz. Pero, no nos engañemos así no funcionan las cosas.

La fe no sólo es sentarse y esperar a que llegue lo que tanto anhelamos, la fe es trabajar con la firme creencia de que se lograrán muchas cosas. Nadie logra sus sueños estando sentado sino que se levanta cada mañana para dar aunque sea un paso más hacia la meta. No importa lo que vaya a tardar ni las desilusiones que vaya a costar, se avanza con la mucha o poca fe que quede.

Una vez, alguien me preguntó – ¿cómo es que puedes seguir adelante después de todo lo que has pasado? – Mi respuesta fue – No sé.

Lo único que sabía es que aunque dentro de todo el desastre que había también había una luz entre los escombros que me alentaba a seguir. No es fácil volver a creer, para nada es fácil volver a confiar pero puedo decir que si no fuera por la poca fe que me quedaba no estaría en donde estoy ni siendo quien soy ahora.

Elegí tener fe. Poca o mucha, pero fe de que todo va a estar bien. Que así como hay días malos vendrán muchos días buenos que quiero guardar para siempre en mi memoria el día que vaya a voltear hacia atrás para ver todo lo que he logrado después de haber pasado por todos esos desiertos. Decidí levantarme y trabajar por sueños nuevos que me regresaron al camino.

Mi padre dice que todos tenemos la misma cantidad de fe dentro de nosotros, pero depende de cuánto la usemos es como vamos a lograr lo que queremos.  En mis peores días, no era por mis propias fuerzas que sonreía y parecía que todo iba bien en mi vida, quiero pensar que era esa pequeña cantidad de fe que me mantenía de pie poniéndole buena cara a la vida y decirle que estaba lista para lo que fuera. Me imagino en ese momento como si por fuera estuviera golpeada, con moretones, llagas, huesos lastimados, en el suelo casi literalmente  pero intentando ponerme de pie con la convicción de que todo ese dolor iba a pasar en algún momento y que estaba lista para más. Y así fue.

La fe no se va, la callamos muchas veces y permanece así hasta que le volvemos a dar poder. Ejercitémosla lo más que podamos, que sea ella la que nos levante cuando nuestras fuerzas no lo permitan.

Mely Garcia

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