Gracias por el dolor

Constantemente, cuando agradecemos lo hacemos por los bienes que tenemos, materiales e inmateriales. Agradecemos que hemos llegado a estar en un lugar que anhelábamos o porque conseguimos algo por lo que luchamos incansablemente. Agradecemos por todo, menos por la parte difícil. Hoy, quiero dar gracias por el dolor.

Como humanos, crecemos con la idea de que el dolor es malo. Llegamos a pensar en ocasiones que  es un castigo divino como resultado de algo que debimos haber hecho.

El dolor puede tener varias formas: físicas, morales y espirituales. Debo decir que, honestamente, no sé cuál sea peor. De igual manera cualquiera de ellos te hacen cuestionarte hasta la existencia, y ¿no es eso precisamente lo que venimos a descubrir? ¿No se supone que estamos aquí para saber los propósitos de nuestra vida?

Hoy escribe alguien que ha confirmado que no se puede llegar a la meta caminando sobre algodones. Nadie puede presumir de victorias  sin tener ni una sola cicatriz.

Venimos a aprender, a equivocarnos, a llorar y a dolernos. Nada tendría sentido si nos saltáramos los tragos amargos, ¿Qué celebraríamos después? Serían una sarta de victorias huecas que cualquiera podría alcanzar sin el más mínimo esfuerzo, ¿eso tendría acaso, el derecho a llamarse victoria?

Levantarnos y curarnos las heridas es lo que venimos a hacer. El dolor no es malo, es necesario.

Es por ello que agradezco cada lágrima que me enseñó a ser fuerte, cada gota de sudor que me dijo que podía un poco más, cada esfuerzo que me dejó sin fuerzas para aceptar que no lo puedo todo, cada corazón roto que me acercó más a Dios y cada despedida sin retorno que me libró de lo peor.

Gracias al dolor sabemos que seguimos vivos y nos da la esperanza de tiempos mejores. Aunque en ocasiones parezca interminable ten por seguro que eso también pasará y dejará en nosotros una marca de guerra que nos dio el triunfo en una de muchas historias que seguramente escuchará nuestra descendencia.

No le tengamos miedo al dolor. Temámosle a no avanzar hacia lo que sea que pueda ser el propósito de nuestras vidas.

“…El llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría.” Sal. 30:5

Mely Garcia

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