La venganza

“Quisiera, que la vida te pusiera en mi lugar y así también poderte lastimar” decía la canción que se hizo presente a cada momento donde pasaba por el momento más indigno de mi vida. Con cada una de las palabras se abría más la herida que me habían causado y, haber sido traicionada por alguien en quien había depositado todo mi amor y confianza sólo ponía una idea en mi cabeza: venganza.

Quisiera – Daniel, me estás matando

En mi corazón no había otra cosa que no fuera coraje. Pasaba noches enteras llorando deseándole lo peor a quien me había lastimado tanto. Maquinando cientos de posibles escenas donde lo hiciera pagar por lo que me había hecho.

Los consejos y palabras de aliento no hacían ningún efecto. Nada parecía calmar la tormenta de emociones que cargaba por dentro. Necesitaba paz, necesitaba huir de mi misma. Mi propio rencor me estaba consumiendo.

Había pasado por el peor de los desiertos y, ahora, que he pisado mejores tierras puedo decir con gusto que el tiempo hizo lo suyo. Las aguas se calmaron y la coherencia volvió a mi cabeza ya despejada (gracias a Dios) de esas ideas perturbadoras de venganza.

Es completamente natural y humano sentir la necesidad de vengarse y desear lo peor a alguien que nos lastimó profundamente. Es parte del dolor querer que le duela como te duela a ti. Es parte de nuestra naturaleza exigir justicia y esperar que los malos de la historia paguen el precio.

Pero, la realidad es que la venganza nos convierte en agresores, nos hace imitar la conducta de estas personas que nos hirieron, nos hace rebajarnos al mismo nivel moral y pretendemos imitar su conducta para lastimarlos igual.

La venganza rara vez nos hace sentir mejor, nos convertimos en alguien que no queremos ser cuando anhelamos a toda costa sentirnos mejor y muy probablemente nos quedemos con un vacío aún más grande de lo que era.

No olvidemos que cada acción tiene consecuencias y hacer una acción negativa puede terminar en algo que no vamos a tener control y probablemente todo lo que desencadene también va a ser negativo.

Es innecesario pasar tiempo pensado en venganzas porque sin lugar a dudas la vida siempre pone a las personas y a las cosas en su debido lugar, no hagas justicia por tus propias manos por un daño emocional, el tiempo le da la razón a quien la tiene.

Recuerda que atraes lo que eres, perdonar y seguir con tu vida trae alivio a tu corazón. Sentirte mejor, buscar tu bienestar y ser feliz es tu elección. Deja de darle importancia a alguien que no te está dando importancia a ti.

Deja ir. Perdona. Puede ser que aún duela, pero es tu elección permitir que te lastime.

“Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo el pie de ellos resbalará, porque el día de su calamidad está cerca, ya se apresura lo que les está preparado.”

Deuteronomio 32:35

Mely Garcia

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