Lo que aprendí de ti

Alguien una vez me dijo “todas las personas que pasan por tu vida tienen algo que enseñarte y luego se van”. Sería interesante hacer una lista de todo lo que hemos recibido de la gente que ha desaparecido de nuestra vida. Nos llevaríamos una sorpresa de ver lo que hemos aprendido y no lo habíamos notado. Les tengo una historia. #storytime

Esa mañana desperté con un vacío enorme en el pecho, un nudo en la garganta no me dejaba emitir algún sonido y empecé a llorar como Magdalena. La noche anterior había dejado en la puerta de mi casa todo lo que me restaba de dignidad al despedirme de quien, por última vez, me había hecho sentir como un objeto, un trofeo. Tenía vergüenza. Me sentí humillada por detalles que prefiero omitir. Nunca me había sentido así: sin valor.

¿Alguna vez han tocado fondo? Es decir, llegar al límite de una situación negativa después de un estado de tensión constante. Pues, así me sentí en ese momento.

Creo que, esa es una de las mejores cosas que le puede pasar a alguien, por difícil que parezca, porque cuando se toca fondo lo único que queda es subir. Había pasado demasiado tiempo buscando y tratando de llenar mis vacíos existenciales con alguien. Se me olvidó que esos vacíos no se llenan con pedazos de personas sino con piezas de amor propio.

Aunque me hubiera gustado no sentirme como lo estaba haciendo, agradezco que eso me llevó a reconocer mi valor. Me tomó un tiempo levantar mi autoestima y no fue nada fácil dejar de culparme por haber dejado que sucediera lo que tanto me lastimó, pero es cuando uno decide ser valiente y afrontar las consecuencias o simplemente seguir sumergido en lamentaciones.

Aquí no importa el tiempo que nos tome levantarnos, no se trata de una carrera que debamos ganar antes que nadie. Respetemos nuestros tiempos, nuestros procesos. Lloremos cuando tengamos que llorar y riamos cuando tengamos que hacerlo. No nos limitemos a nada. Es parte del aprendizaje.

Efectivamente, las personas vienen a enseñarnos algo y debemos agradecer por lo que seremos después de su paso por nuestras vidas. Entendamos que todo es temporal y que, como los libros, aunque hay algunos que nos gusten demasiado siempre llegan a su final.

Hay quienes vienen a enseñarnos a olvidar, a ser fuertes, a amar y a mostrarnos todo aquello que nos falta y que no podemos obtener por nuestra cuenta.

Cuida a todo el que entre en tu vida y disfruta el tiempo que te sea concedido. Aprende y deja ir con la firme idea de que ese momento tenía que llegar.

Aprendamos a sanar, a perdonar y a seguir adelante con los brazos abiertos a lo siguiente que debamos poner en marcha. Desgraciadamente, muchas veces duele aprender, pero necesitamos cicatrices que nos recuerden lo que hemos crecido. Como dije alguna vez, “nadie nace completo, somos el resultado de todo lo que recogemos en el camino”.

Mely Garcia

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