Presas de la nostalgia

Había sido una mañana de esas que se disfrutan desde que despiertas. No había sido necesario el sonido del despertador para levantarme temprano, el aroma del café se mezclaba con la calidez de los primeros rayos del sol y todo apuntaba a que los planes del resto del día serían un éxito. Todo iba de maravilla hasta que a mi playlist se le ocurrió reproducir una canción que despertó los recuerdos que tanto temía. Bastaron 4:06 minutos para que el resto del día perdiera el color.

En un pestañeo me vi perdida en un mar de recuerdos que no pensaba volver a traer a la mente. Recuerdos que me llevaron a consumir una buena cantidad de chocolates y helado en cuanto tuve la oportunidad. No eran memorias alegres sino de ese tipo que te dan la sensación extrañar y añorar que las cosas hubieran sido diferentes.

Descubrí que es posible viajar en el tiempo. Volver a escuchar una carcajada, recordar cada paso de la última vez que bailaste, oler aquel perfume inconfundible, la textura de unas manos, saborear de nuevo ese primer café, ver las luces del concierto donde todo comenzó, sentir los labios del primer beso, volver a revivir pláticas interminables y sobre todo recordar las ilusiones que no pudieron ser. ¡Lo que provoca una canción de José José!

Mis planes de estar tumbada en mi cama hasta que me recuperara de mi problema crónico de flashbacks fueron interrumpidos cuando hablé con mi mejor amigo.

“No tienes depresión ni mucho menos es que extrañes a alguien, sólo tienes un ataque de nostalgia, Mely”

La nostalgia es engañosa; en tiempos de soledad nos hace tomar decisiones sin fundamentos, hace a la tristeza su mejor amiga y ambas hacen ver al fracaso como el único premio que has conseguido. Hacen temblar el piso bajo tus pies del que tanto te costó levantarte.

Es probable que constantemente estemos expuestos a que algo o alguien nos recuerde la ausencia, la pérdida o la lejanía de lo que ya no es en diferente escala de sentimientos.

No me malinterpreten, es hermoso recordar con cierto grado de nostalgia los buenos momentos, sin embargo, mi problema con ello es que si no la sabemos controlar nos apresa y no nos deja ir hasta que estemos inmersos en los lamentos de lo que no volverá. Es entonces que corremos el riesgo de vivir a destiempo. Dejamos de ver hacia adelante por vivir de recuerdos que por más vívidos que sean, ya no existen.

Como siempre digo, es bueno recordar, de vez en cuando, de dónde vienes y por dónde has caminado para entender a dónde vas. Pero, no le demos más tiempo del necesario al pasado que dolió a menos que sea para conmemorar nuestro valor.

La nostalgia es la primera puerta que se abre para dejar entrar lo que ya habíamos dejado atrás, lo que habíamos perdonado y agradecido. No permitamos más puertas entreabiertas en nuestra vida. Cuidemos lo que pensamos, terminemos de sanar y avancemos a un lugar libre de recuerdos que nos esclavicen al pasado que por algo quedó atrás.

No le dediquemos a la nostalgia mas que un suspiro, media sonrisa y dos pasos hacia adelante.

Mely Garcia

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