Somos nuestro propio veneno

Somos nuestro propio veneno

Esa tarde el constante vibrar de mi teléfono fue un caso serio por varios minutos. Parecía que no podía esperar ni un día más de cuarentena lo que una de mis amigas nos quería contar por el grupo de WhatsApp. Consideraba urgente que la acompañáramos en su nueva crisis sentimental.

La historia me sonó mas familiar de lo que quisiera. ¿Cuántas veces más vamos a ser esclavos de nuestras propias expectativas?

Una vez mi mejor amigo me dijo: “siente, siente todo lo que tengas que sentir, emociónate mucho pero no te ilusiones”. Lo cierto es que nos esforzamos tanto en querer alcanzar expectativas, que olvidamos el hecho de que la realidad siempre va a estar dispuesta para darnos una bofetada a la menor provocación.

Nuestras expectativas son la razón de que las noches sin dormir lleven nombre y apellido, por ellas seguimos esperando esas flores que nunca nos van a llegar y seguimos creando historias a base de canciones cuando estamos a solas. Sufrimos por estar esperando una reacción que acreciente la poca esperanza que nos queda. Repasamos una y mil veces los escenarios ideales con alguien que, indudablemente, nunca va actuar como lo imaginamos.

Después de perder Dios sabe cuanto tiempo gastando esfuerzos de toda índole y ánimos en meras ilusiones, nos confrontamos cara a cara con la realidad que nos hace culpables de nuestras acciones y sentimientos. Empezamos a andar por el agónico camino de haber creído que algo iba a suceder sin haber tenido la seguridad de nada. Duele tener que desarmar cada expectativa. La decepción se vuelve nuestra fiel compañera cuando seguimos esperando lo inexistente. La realidad es testigo de cómo nos tomamos nuestro propio veneno.

Que error tan grande cometemos al volvernos adictos a cultivar expectativas cada vez mayores que las anteriores, que son por de más difíciles de alcanzar. Nos convertimos en nuestro peor consejero. Dejemos de alimentar con expectativas las ilusiones que no tienen razón de ser.

No es el hecho de que dejemos de ofrecer la mejor mejor parte de nosotros sino que entendamos que donde no es mutuo, no vale la pena seguir. Mantengamos los pies en la tierra, disfrutemos sin esperar nada. Que la vida nos sorprenda con lo que sea que nos merezcamos, sin tener estándares propios que nos prometan la verdadera felicidad.

Recuerda que no puedes esperar que otras personas te traten mejor de lo que tú te tratas a ti mismo. Guarda tu corazón y cuida por encima de todo tu estabilidad emocional. Si vas a dar no esperes recibir nada a cambio porque no eres lo que recibes sino lo que ofreces y eso es mucho mas valioso que cualquier otra cosa. También entiende que a veces toca soltar para poder recibir. No forces nada; conversaciones, amistades, relaciones, atención, amor… Las cosas forzadas no merecen la pena. No seas presa de tus ilusiones, no alimentes con expectativas a tu corazón porque al final quedará vacío.

M.

Mely Garcia

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